sáb
09
abr
2011
La segunda parte de los Tres intrépidos de xc-trail que marcharon por los míticos pueblos negros de la provincia de Guadalajara. De momento os dejamos con el vídeo, la próxima semana tendremos las fotos y la crónica del segundo capítulo.
Día 1. Partimos desde Abarcón e iremos hasta Valderverde de los Arroyos. En este pueblo subimos hasta el Pico Ocejón. Subimos hasta los 2000 MTR (más o menos) ya que hemos llegado hasta allí para ver las vistas. Si no se puede subir porque es intransitable, llegamos hasta donde se pueda. Desde el Pico Ocejón, tengo varios tracks de senderistas que bajan hasta Majaelrayo, al otro lado del Ocejón.
Día 2. Desde Majaelrayo partimos en terreno casi llanito, pasando por los emblemáticos pueblos de Robleluengo, Roblelacasa. Pasado este pueblo, si nos adentramos un poquito en el monte podremos visitar las Cascadas de Aljive. Pasadas éstas, emprendemos una subidita a un monte que nos lleva el pueblo de La Vereda, desde donde nos lanzamos hacia El Vado (discurriendo alrededor de pantano de El Vado). Desde aquí, subimos otro monte y cogeremos carretera que nos llevará hasta Tamajón.
Días 3. Desde Tamajón emprendemos la vuelta a Cogolludo.Hay dos alternativas, viendo como estemos de fuertes. Una de ellas, son 14km, que nos lleva directo desde Tamajón hasta Abarcón pasando por Muriel por carretera. La otra son unos 30km. Partiendo desde Tamajón bajamos hasta Muriel y allí, en vez de atravesar el Embalse de Beleña como en la alternativa 1, le bordeamos y le atravesamos por la otra punta, para acabar en Abarcón.
2 DÍA – MAJAELRAYO – TAMAJON
Amanece.
Un merecido descanso después de la ruta anterior.
Hoy toca avanzar hasta Tamajón.
Nos despedimos de la casa tras preparar todos los bártulos y terminar de arreglar el problemilla de Rubén con el portabultos
Felices y con ganas de emprender la salida, Miguel y Rubén me preguntan si la ruta de hoy es más “light”. Les contesto que sí, pero me miran con miradas de cierta desconfianza.
Un primer tramo de carretera para abandonar Majaelrayo nos lleva por un sendero de piedras hasta Robleluengo. En el camino nos topamos con un par de corzos en la lejanía que marchan despavoridos. Arroyos, piedras y mas arroyos, junto a zarzas nos acompañan continuamente. El salvaje de Miguel parece ser que le gusta que le mutilen por semejantes caminos porque dejó mas de media piel de sus piernas colgando de las zarzas.
En Robleluengo encontramos el tercer pueblo negro. Tras meternos en él y callejear por sus estrechos pasos, veo como nos hemos pasado el track. El camino sale cerca de nosotros, pero no vemos ni camino ni sendero, solo campillo. Rubén me dice: “ahora me dirás que el track va por ahí, ¿no?”. Tras dar un rodeo le tengo que decir a Rubén que sí. Las risas surgen y salimos quizá por la zona más agreste y pedregosa. De vuelta al Empujabike iniciado el anterior día en la Subida al Ocejón, Rubén y Miguel tienen en sus caras gestos de no dar crédito a la situación.
Conseguimos salir y pillamos una pista-camino, que rodeados de matorrales nos lleva hasta un río. Desde él parte un sendero que en principio íbamos a tomar, pero debido a la pérdida de tiempo en el Empujabike de Robleluengo y viendo que era un sendero subiendo por la ladera de la montaña, no llegamos a tomarle. Nos llevaría hasta las Cascadas del Aljibe. Nuestros ojos no pudieron ver la belleza de éstas, pero así dejamos cosas pendientes para otro futuro viaje.
De nuevo un poquito de Empujabike para subir a Matallana, que sin llegar al pueblo, en las afueras sacamos nuestro pan de lembas y salchichonio-chorizonio, reconstituyente general de todo tipo de afecciones, que nos pone a tono. Por pista, iniciamos la marcha hacia La Vereda.
Miguel no se acordaba de lo que era montar mas un kilómetro sin empujar la bici.
Unas vistas sin igual, rodeados de pinares.
Arroyos, soledad y el canto de los pájaros son nuestros compañeros de viaje en todo momento.
A medio camino de La Vereda a Rubén le surgió esa magnífica idea de comer. Nos vimos en el problemilla de que eran las dos de la tarde y que el pueblo mas cercano donde servían comidas estaba a una gran distancia. Nos encontramos con un hombrecillo del bosque paseando con su bestia, quien nos comentó que el sitio mas cercano para comer era Tamajón, destino de la ruta. Así, hicimos acopio de nuestro pan de lembas y apretamos el pedal, que aún nos quedaban unos veinte kilómetros para Tamajón.
Llegamos a La vereda por pista forestal, la única manera de llegar al pueblo. Se nota el atractivo turístico. Coches aparcados y gente saliendo y entrando del pueblo.
Y no es para menos.
Un pueblo increíble con un paraje increíble. Nos metemos con las bicis por sus callejuelas de piedra y llegamos a un descampado. Allí paramos y damos un rodeo.
Hay que estar allí para disfrutarlo, no se puede escribir. Hay que ir y verlo.
Desde arriba vemos una pista que sube por la montaña de enfrente. Miguel, pareciéndose a mi y dando buenas noticias, nos dice que el track cree que sube por ahí.
Pues sí… pista del carajo, segundo puerto del día.
Bajamos a toda velocidad hasta el punto de inflexión. Por el camino nos encontramos con un grupito de hippies con unas pelambreras (y no en la cabeza) de escándalo.
Afrontamos con fuerza y ganas (mentira) el puerto. Miguel, Rubén y yo nos vamos desperdigando, cada uno a su ritmo. Son varios los coches que pasan por ahí, pues esta es la única manera de llegar a La Vereda. Casi coronado el puerto, los árboles se apartan para dejarnos ver el panorama. A lo lejos nuestro querido Ocejón, dónde estarán nuestras almas atrapadas para siempre en sus piedras. Mas cerca y abajo vemos el pantano de El Vado.
Reagrupamos y emprendemos juntos la subida para bajar a la par hasta la presa de El Vado. Foto obligada junto al cartel, abrimos la última parte de la ruta.
Siguiente pueblo: Tamajón.
Cogemos con ganas el tercer puerto del día, aunque mas corto y menos empinado, éste trascurre por camino. De nuevo rodeados de pinares, marchamos juntos. Sin más imprevistos que saltar un árbol caído en medio de camino, llegamos al punto álgido. Desde allí bajamos por pista hasta la carretera GU-186.
Graciosa la foto que hace Miguel de un cartel señalizando: “MAJAELRAYO - 13,8” junto a su cuentakm: “distancia 34,25”. Y es que somos de XC-TRAIL, los retos son lo nuestro, y es que el camino mas corto es el que se debe evitar.
Por carretera vamos bajando a Tamajón.
Parada en la Ermita de los Enebrales para afrontar con éxito el último tramo.
Dejamos a nuestros lados la Ciudad Encantada de Tamajón, un conjunto de cuevas y piedras erosionadas que hacen de estas formaciones un lugar digno de visitar.
A alguien, no se a quíen, según vió el cartel de Tamajón, se le ocurrió decir: “El último paga la comida!!!!”. Un falso sprint al principio… que se convirtió en un sprint muy duro. El cabrón de Miguel apretó el plato, Rubén le vió y apretó de igual modo. Subiendo en un segundo del plato pequeño al plato grande, dejándose la vida en ese esfuerzo, me pasaron a un ritmo de infarto. Admito mi derrota, no pude con ellos. La madre que les parió, como se ceban con los pequeños…
Y por fin, llegamos a Tamajón. Antes de dejar las bicis paramos en un restaurante. En la terraza nos tomamos nuestras merecidas cervezas que las acompañamos de un buen chupetón, revuelto de boletus y morcilla. Chupitazo y purazo… noo!!, esto no. Miguel se quedó con las ganas, pero el despistao del barman lo evitó.
Arrancamos y llegamos a la casa rural. Con una alegría y recibimiento digno de un Centro Penitenciario, nos reciben la señora y el señor. Nos dice que dejemos las bicis a la intemperie. Las atamos a conciencia. Un poco disgustados con las formas de los dueños, subimos a la habitación. La ducha reglamentaria antes de bajar a cenar y ver el partido.
Victoria del Madrid, copón de celebración y a sobar que nos hace falta.
Hasta mañana!
Para ver las fotografías pincha en el vértice derecho inferior, y las fotografías irán pasando como un libro.
Es casualidad, que a unas horas tan intempestivas pueda aprovechar un receso en el trabajo para reflexionar sobre lo que ha sido una experiencia inolvidable: este fin de semana. Desde mi ventana ahora no puedo, no la veo, pero sé que está ahí y por lo visto más cerca que nunca según lo que han comentado en el informativo. Está ahí. Como ahí estuvo cuando nada bueno se podía presagiar. Pero eso es algo que más adelante contaremos.
Esta es la historia de lo que parecía y terminó siendo una travesía en bicicleta por una zona espectacular por su belleza natural, arquitectónica y humana.
Tres fuimos los valientes que se pegaron el madrugón el Viernes, “que necesidad habrá” dirán muchos. Y es que las 5:30 aunque en ese momento lo parezcan no son ninguna broma, estaba claro que la cosa exigía sacrificio. Pues bien a las 6:15 en el punto de encuentro, Alex, Miguel y yo, Rubén, estábamos poco más tarde en marcha, con las bicis en la chepa sorteamos el tráfico de Madrid hasta coger dirección Guadalajara, Humanes y llegar a Cogolludo.
En Cogolludo nos apretamos unos cafés o colacaos en su defecto con un pinchito y a mi me dio por probar unas tortas de azúcar con pasas que parecían típicas de la zona. Pues bien como no las iba a tirar decidí guardármelas y ni mal que nos vinieron luego lo que llamamos el pan de lembas. De ahí nos acercamos a Arbarcón, lugar que sería punto de inicio y final de nuestra travesía.
Preparado todo el asunto y orientados ya por el gps serían las 10:00 o así cuando tiramos por una pista entre tierras de labranza que se dirigía a Monasterio, un pueblo escondido en un hoyo que dejamos a mano izquierda mientras seguíamos la linde de su arroyo dirección Las Veguillas.
Inciso 1: saliendo de Arbancón, nos cruzamos con un abuelete muy majete el hombre con el que estuvimos hablando y que después de comentarle nuestra intención rápido nos puso sobre aviso de que íbamos mal, que no tiene razón de ser ir a Majaelrayo por allí!!!
Continuamos por continuos toboganes hasta que en Las Veguillas tomamos carretera durante unos cuantos KM. Entre frondosos pinares abandonamos la carretera para tomar una pista forestal que al tiempo nos llevo a un pantano o lago donde decidimos hacer un descansito para reponer fuerzas. La combinación perfecta pan de lembas + chorizo, ni barritas energéticas, ni geles ni ná. Bueno los hay que les gusta regarlo con agua todavía fresquita pero también los hay que prefieren hacerlo con arena+ agua. Digo esto porque lo normal es que tu diluyas unos cacitos de sales en unos litros de agua, pues no, Alex prefiere servirse de un recipiente para muestras de orina como útil, repleto de Isostar, el lo hecha todo ahí y listo, luego su “agua” en vez de tener un color ligeramente amarillo sea más bien cobrizo, se ve que le gusta roznar los terrones de Isostar, que tío más raro… jaja.
Abandonamos el privilegiado entorno donde degustamos semejante manjar para retomar por carretera nuestro itinerario. Durante varios km subimos y subimos, de esto que según vas tirando te vas encontrando mejor, como que coges el ritmillo, que te vas haciendo con él, te vas gustando, te levantas incluso, no reparas siquiera en el lastre de las alforjas, así da gusto joder!!! Pues bien, tiramos mucho de carretera esa mañana, eso sí, apenas ningún coche nos encontramos. Nuestro destino era Valverde de los Arroyos y desde lo lejanía empezamos a vislumbrar el que sería punto de referencia de nuestra travesía, el Pico Ocejón. En este caso lo veíamos en su vertiente Sur-Este, en la lejanía que te permite apreciar su majestuosidad como máximo exponente al Sol de la zona. Pues tiramos y tiramos por carretera hacia el Norte hasta abandonar esta vía de doble sentido y perfectamente señalizada por otra sin ningún tipo de delimitación aunque igualmente en buen estado. Bajamos un puertecito muy chulo hasta llegar a un rio y emprendimos la subida que nos dejaría en Valverde de los Arroyos.
Inciso 2: nos adentramos en un “pueblo” que luego resultó no ser tal, me explico. Ya de arquitectura negra, es decir todo de pizarra, contaba con un par de decenas a los sumo de casas pero por lo visto según nos advirtió una mujer se trataba de un centro educativo y nosotros ya andábamos sobrados de educancia así que nos largamos.
Pues después de tirarnos un buen rato subiendo, ya empezaba uno a notar el cansancio, las alforjas, el calor, etc. Llegamos a Valverde de los Arroyos. Espectacular este pueblo en un entorno, a los pies del Ocejón, privilegiado, calles empedradas y casas de pizarra negra, un sitio singular, un auténtico pueblo con encanto. Tomamos algo y comimos, tranquila y económicamente, después barajamos la jugada. Miguel quería que visitáramos una cascada, aunque con la bici no era posible, a mí no me hubiese importado echarme la siesta (a las 5:30 no son horas de levantarse), otra opción hubiese sido acabar de ver bandolera en Antena 3, “chicos, no sufráis en que la web de antena 3 podéis ver el capítulo de hoy les dije”. Ya en serio el verdadero problema era llegar desde Valverde de los Arroyos a Majaelrayo. ¿Por que? Porque estando Valverde a 1200m el track nos guiaba atravesando el Ocejón, casi 2100m, hasta Majaelrayo, por una camino que sospechábamos no era muy ciclable. La otra opción hubiese sido bordear el Ocejón por carretera hasta Tamajón y luego de ahí a Majaelrayo en quizás 30 Km.
Se ve que nos debió de dar mucho el sol o algo, nadie en su sano juicio lo haría, pues bien nosotros optamos por la opción directa, esa que te invita a pensar por defecto que la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta. Pues ni mucho menos, lo caprichoso de la orografía desmonta esta teoría.
Valverde de los Arroyos es un pueblo singular, en un paraje ya digo privilegiado, desde él se aprecia a mano derecha del Ocejón como cae agua por la cascada de la Chorrera pero además de por esta, su nombre le está que ni pintado ya que prácticamente cae agua por todos los lados. Hay multitud de arroyos, lo digo con conocimiento de causa porque he metido el cuezo en muchos o bueno muchas veces en no tantos, no sé el asunto es que nada más abandonar el pueblo tuvimos que empezar a echar pie a tierra. Las estrechas y levantadas veredas lo hacían prácticamente impracticable para la bici, más si cabe con el lastre de las alforjas. Tengo que citar que eran las 5 cuando salimos y no llevábamos mucho cuando cerca ya de la Chorrera caí en la cuenta de que no podía seguir arrastrando la bici porque algo frenaba la rueda trasera. A ver, el sistema evidentemente no ofrecía ni mucho menos todas las garantías y el terreno hizo el resto. La abrazadera que sujetaba el trasportín a los tirantes del cuadro se había deformado y abierto de forma que estaba descolgado de un lado y del otro poco más o menos. Con Miguel a 50 metros Alex y yo nos pusimos a tratar de darle solución. El tiempo apremiaba ya que serían las 6 y algo y nos quedaba un gran trecho, ni siquiera éramos conscientes de hasta que punto. Pues bien, superados momentos de nerviosismo le colocamos aunque a buen seguro no aguantaría demasiado o eso me parecía a mí. Continuamos nuestro penoso transitar, para que os hagáis una idea, yo lo catalogaría como un treking exigente,
imagínate entonces empujando una carretilla, que digo, quizás una carretilla se lleve mejor que una bici en un sitio tan estrecho. Miguel, en pantalón corto no encontraba la forma de no irse dejando la vida contra la flora que cercaba el “camino”. Alex y yo salvábamos de vez en cuando los pasos más complicados con la bici a cuestas. Yo trataba en mayor medida de hacer esto para proteger de alguna forma mi precario sistema de fijación de alforjas de otro fiasco y sin duda esto me perjudicó más adelante. No parábamos de subir y subir con la bici de la mano como podíamos eso sí, viendo como caía la tarde en asomados a ese balcón que eran la falda del Ocejón.
Cada vez se hacía más evidente que la noche nos cogería allí arriba y el problema ya no solo era ese sino que según nos acercábamos cada vez veíamos menos escapatoria. ¿El track para donde gira? Intentaba buscar alguna escapatoria en aquella pared hacia la que nos dirigíamos. Cansados, mojados, hartos ya de tan penoso caminar, la desesperación iba calando según caías en la cuenta de lo que quedaba y de lo poco que te quedaba a ti. Todos vosotros os habéis sentido supongo alguna vez en esa situación, no puedes más pero tienes que seguir. Yo negocié con mi cuerpo en 15 o 20 ocasiones esto hasta el punto de notar como incluso la vista me flaqueaba. Supongo que víctima de un bajón de azúcar, seguramente no ayudo el cargar con la bici a cuestas durante tanto rato, mi cuerpo dijo basta. Frutos secos a cascoporro, gominolas de mermelada a puños, agua y vuelta a renegociar, sentí a los minutos los efectos, me cambió la cara, pero esa sensación sería pasajera porque al tiempo estaba poco más o menos igual.
Miguel se distanciaba ya considerablemente y Alex lo hacía poco a poco. No sabías como hacerlo mejor, la nieve empezaba a predominar y no sabías si era mejor directamente ir por los pastos y pegarte con ellos o meter arrastrar la bici por la nieve. Aleeeeeex espérame ahí!!! Le voceé, necesitaba un galgo ya que me iba sumiendo cada vez más en el agujero como antes. Con Alex como referencia más cercana retomamos el ritmo, por primera vez empezaba a vislumbrar que se acababa vamos que no había más montaña, lo malo es que tampoco había paso, ni camino ni nada ya y era prácticamente de noche. Miguel empezó a dibujar guiado por su GPS zetas entre la nieve buscando el paso del Ocejoncillo. Su silueta oscura con el contraste de los últimos rayos de sol en su ocaso fue como una inyección de moral, no importaba hasta donde metieras el pie en la nieve, ni lo que te dolían las piernas, la flojera en los brazos, los riñones nada! Ni siquiera oías ya ladridos, durante mucho rato tuve en mente que iba a ser un manjar para las alimañas de la noche, llegué incluso a plantearme el abandonar la bici allí para salvarme yo.
¿Qué hora sería? No lo sé pero prácticamente de noche. Estos se tomaron un tiempo para poner los cubre botas y abrigarse, imagínate la situación: tres tíos en la cuerda de la montaña en medio de nada, solos o quizás no tanto. ¿Quién sabe si no estábamos vigilados? Lo estábamos y bien de cerca. Pensad una cosa chicos, seguramente no estéis en otra ocasión tan cerca de la Luna como lo estuvisteis ese Viernes. A 2000 metros de altitud la vez que la Luna está más cerca de la tierra, la suerte nos sonreía. Proyectó levemente su luz dibujando pequeños contrastes en la oscuridad e iluminándonos en nuestro afán de llegar a nuestro destino. Gracias Luna, de no haber contado contigo, quien sabe si lo hubiésemos contado.
Caí en la cuenta de que la batería si, pero la linterna la había olvidado, da igual Alex contaba con la suya y Miguel y yo le seguiríamos en el descenso. Si pero… ¿Por donde? Era medio barranco por donde bajamos la primera parte hasta por fin dar a una trialera donde pudimos montar las bicis en vez de ellas a nosotros y bajamos durante largo tiempo. Se diferenciaban algunos pueblos a lo lejos por las luces ¿Cuál será Majaelrayo? ¿Nos estará esperando la señora del apartamento? Espérate a ver… No sé lo que tardamos en bajar pero bastante la verdad. Claro que ves desde otro punto de vista por donde lo hiciste y te explicas muchas cosas. A las 9:30 llegamos a Majaelrayo. La señora simplemente flipó con la historia. El apartamento estaba muy bien hacía un calorcito mu rico y las bicis estaban a buen recaudo, ¿Que más se puede pedir? A sí, a ver ¿Dónde podemos ir a cenar? Nos indica que en Campillo de Ranas que está a 3 Km… ¿Cómo? Bueno hay otro sitio el Mesón Jabalí, quizás os hagan unos bocadillos. Pues mu ricos si, con tal de no coger la bici otra vez… cualquier cosa!!! Después de la duchita, no me lo podía creer, realmente he llegado al límite, he visto peligrar mi vida, según nos comentaron no seríamos los primero y seguramente los únicos que se pierden o se quedan tirados en el Pico, pero si que seríamos los primeros o en subir en bici primero y con alforjas más si cabe. Vamos que el próximo se tendrá que atar una bola de hierro al pie para superarlo. Caballerías y demás bestias utilizaban ese paso antaño, ahora son otras bestias los que se sirven de él.
Eso es todo lo que dio de sí el primer día, como anticipo al día siguiente nos quitamos el mal sabor y empezamos a darle importancia a la gesta.
Estamos ansiosos de que regreseis ya, para que me deis todas esas fotos y vídeo etc.... ummmmmmmmmm jajajajaj pasarlo bien¡¡¡¡
Buenisima la ruta, la cronica como siempre rubén Fantastica¡¡¡¡
ahora a la espera de la segunda entrega
Me he quedado alucinao con el relato, mira que he pasado yo aventurillas en la montaña pero esta en la bici y con alforjas creo que superaria mis limites.
Me alegro que lo consiguierais aunque en cierto modo es una imprudencia pero pocas veces se vive la vida con todos los sentidos como en estas ocasiones.
una cronica cojonuda la leo y parece que estoy todavia subiendo clavandome todas las ramas en las piernas muy buena si señor
Muy buena crónica, supongo que lo pasarráis mal, peor cuando llegásteis al apartamento tuvo que ser una sensación de alivio, verdad?...Rubén vio la luz en lo alto del pico...
Debe´si sentiros orgullosos chavales!!
Estoy con Mariano, fué una imprudencia total y como de todo se aprende yo he aprendido a considerar los riesgos antes de verte inmerso en situaciones que te superen, o no Mariano? cuanto de esto nos tienes aún que enseñar...
Fuimos como la Compañia del Anillo, cuando a Frodo (Alex) se le ocurre atravesar las Minas de Moria...
Esto te mola eh Ruben? jaja
estais muy locos¡¡¡¡¡¡ pero bueno ya me hubiese gustado a mi estar alli para ahora fardar jajajajajajaaj
Golum... más bien Alex, Golum!!!
jajaja, que perro!!
Oye Alberto! Ahora que me doy cuenta hay 2 fakes; fecha inicial pones hasta el domingo 6, fue hasta el domingo 20; y se repite una parte de la historia dos veces.
Leyenendolo de nuevo he de dar las enoraswenas a ruben, que bien escribes tio!
Como se nota q tu de mili na de na......hay te haces un tio fuerte.No se puede ir de pro con alforjas.....
Buena aventura,aunque yo prefiero la ruta de tirao en el sofa.
Hola chicos: fantástica ruta, la conozco bien prque llevo más de 10 años haciendo rutas por la zona. Sólo debeis hacer una correccíon, el nombre correcto del pueblo que llamais Abarcon es ARBANCON,
aunque no debe preocuparos demasiado, muchos habitantes de dicho pueblo tambíén lo dicen mal.
Un abrazo y buenas rutas.
