sáb
07
ene
2012
Encaramos un nuevo año, y con él se acerca una nueva temporada, temporada que cada uno a su forma afronta con unos objetivos, metas, ideas o intenciones para llegar a un punto, que será muy diferente de unos a otros. Eso sí, por encima de este, habrá una parte en común, y que no entiende de clasificaciones ni comparaciones, como es la satisfacción y el esfuerzo personal que con ilusión ponemos todos para disfrutar de nuestro deporte favorito.
Aquí es donde analizamos el camino que sigue cada uno para conseguirlo... Sigue leyendo....
La base de una buena preparación es la organización, la estructura de nuestros entrenamientos, competiciones, alimentación, descansos, tiempo libre, familia, trabajo, etc. Y la capacidad individual para afrontarlo y mantener una constancia a lo largo de un tiempo largo y muy fluctuante (la vida misma).
Para esto, la técnica más utilizada es el Establecimiento de metas u objetivos. Fijar un objetivo es identificar lo que se desea conseguir o llevar a cabo, lo que se intentará lograr, el motivo por el que se realizará una acción y se persistirá en ella.
Es algo, que de una forma muy instintiva todos conocemos y aplicamos a nuestro día a día, pero en el deporte marca una referencia, ya que es el condicionante principal de la motivación del deportista, y esta es la razón de toda acción.
Aunque marcarse objetivos tanto en la vida como en el deporte es algo que todos hacemos y parece muy evidente a priori, su uso en el deporte, en ocasiones se realiza sin control y sin el conocimiento apropiado, por lo que muchas veces están mal ajustados y lo que debería ayudar a organizar nuestro tiempo y esfuerzo y mantenernos con motivación e ilusión se convierte en todo lo contrario, experimentando frustración, desánimo e imposibilidad de seguir el ritmo esperado, llegando a dejar de lado hasta la práctica del deporte.
Por eso es fundamental conocerse, saber cuáles son nuestras capacidades, nuestros límites y limitaciones, y seguir una serie de pautas (que enunciaremos más adelante) que nos ayudarán a ajustar esos objetivos a lo que somos nosotros, para potenciar nuestro esfuerzo y no para limitarnos.
Está bien, hacer un resumen de los diferentes tipos de metas u objetivos que se manejan en la literatura de la psicología deportiva, para tener una noción general de todo lo que hay que tener en cuenta.
A gran escala, las metas se dividen en tres bloques, que serían por un lado las metas de resultado (resultado deportivo que se pretende alcanzar); metas de rendimiento (metas que plantea el deportista y que dependen de sí mismo); y metas de proceso (lo que hace el deportista para conseguir su objetivo tanto de rendimiento como de resultado).
Dentro de estos tres bloques, podemos diferenciar a su vez otra serie de objetivos dependiendo de: Su duración en el tiempo (A corto, medio y largo plazo); de su importancia (primarios, secundarios o terciarios), y colectivos o individuales (más determinantes en deportes de equipo).
Analizando toda esta información, vemos que marcarse un objetivo no es simplemente marcar una fecha en el calendario y esperar que llegue, pensando en ese día en el que llegaremos a alcanzar la gloria, así, como si de una película épica se tratase, a mi me encantaba imaginarme en ese punto, pero la clave no estaba en eso, si no en desglosar a partir de ahí, como si de una cebolla se tratara todas las capas que me deberían conducir hasta ese punto, es decir, marcamos el final de nuestro camino, y desde ahí vamos retrocediendo en el tiempo y viendo todos los pasos que hay que dar en el proceso hasta que llegamos al punto de inicio, para nuevamente, desde el comiendo ir realizando en el día a día cada uno de esos pasos.
La teoría (donde todo es más fácil que en la realidad), nos dice que si establecemos unos objetivos adaptados nos ayudará a alcanzar un mejor rendimiento, ya que puede facilitar la consecución del éxito, así como un mayor control externo e interno sobre la actividad.
Y ahora sí, según los grandes expertos de la materia, nos dan diez claves que nos ayudarán a planificar nuestras metas y conseguir que todo siga su orden natural:
1.- Fuerza del objetivo: Asegurarse que el objetivo que se propone es realmente el que se persigue, que el deportista esté seguro de la elección y que éste sea potente.
2.- Escribir los objetivos: Quedando constancia escrita, se consigue un mayor compromiso, y reduce el riesgo de que caiga en el olvido o resulte engañoso con el paso del tiempo.
3.- Los objetivos han de suponer un reto alcanzable, realista y manejable. El reto es una pieza clave para entender el esfuerzo que hay que realizar para conseguir la meta.
4.- Cuando se estableces dos o más objetivos deben ser compatibles.
5.- Flexibles: Deben permitir su revisión e introducir cambios si se consideran oportunos.
6.- Fecha límite para su cumplimiento: Los objetivos deben contar con unos márgenes de tiempo o fechas debidamente estructuradas, así podemos ir apreciando nuestra evolución.
7.- Estructurarlos según la prioridad otorgada.
8.- Tener en cuenta todos los factores que rodean a los objetivos y quedan vinculados a estos.
9.- Dividir en pasos y evaluarlos, poder evaluar el esfuerzo así como de la actuación.
10.- Establecer los objetivos dentro de un contexto general, estos deben guardar una relación estrecha con el propósito general de la actuación.
Si seguimos estas ideas, lo mejor para plantearse y marcarse unos buenos objetivos, es sentarse en nuestro sillón favorito, ponernos una música de fondo de esa con la que haríamos kilómetros y kilómetros conduciendo, acompañarse de un cafelito, cola cao, o cervecita, descalzarse y coger bolígrafo y papel. Porque más importante que levantarse a las seis de la mañana a hacer hora y media de rodillo, salir en plena digestión a hacer un rodaje largo o escaparse en un hueco que haya en el trabajo para ir al gimnasio, es saber porqué lo hago y porqué quiero hacerlo.
Álvaro Talavera Iglesias (Psicólogo deportivo).