Segunda parte de la travesía:
“Chile --- Lagos: Pirihueico, Neltume, Calafquen, Villarrica, Villa turística de Pucon y Bariloche --- Argentina”.
Mi primo y yo compramos la tienda de campaña, la cual no habíamos tenido que aportar en nuestra travesía por San Martín De Los Andes (1ª parte del viaje), ya que la organización se hacia cargo de la misma.
Este nuevo desafío era un reto aún mayor para estos dos novatos, ya que éramos nosotros quienes marcábamos las pautas de viaje de aquí en adelante.
Después de dos durísimos días enteros de subidas hasta alcanzar la frontera con el país limítrofe, cruzamos a Chile por el Paso de Hua Hum. Nos adentramos en tierras chilenas.
A unos cincuenta kilómetros de la frontera con Argentina, después de haber descendido esta vez mucho más relajados por los caminos de caracoles entre los frondosos bosques de árboles milenarios, nos encontramos con el lago Pirihueico. El cual nos obligaba a hacer un alto en el camino. La única forma de atravesarlo era por la vía lacustre, en una barca que nos conduciría al extremo opuesto del lago tras dos horas de navegación.
Una vez puestos en marcha, después de haber recuperado energías, nos dirigimos hacia el lago Neltume. En el transcurso del día, nos cruzamos con un hombre que conducía un todo terreno, quien se detuvo al vernos, para ofrecerse a trasladarnos unos kilómetros. Agradecimos el gesto y aceptamos, debido al cansancio que arrastrábamos después de más de quince días montando en bicicleta y mal durmiendo en tiendas de campaña. Necesitábamos una cama y unos días de descanso.
Después de hacer una parada en el lago Neltume, para comer algo, seguimos nuestro camino con dirección Lago Calafquen, en donde decidimos coger un autobús que nos condujera a lago Villarica. Ahí, pasaríamos unos días de descanso en Pucón (un paraíso turístico multiaventura).
Lo primero fue encontrar un hostal y una vez hospedados, volvimos a dormir en condiciones.
A la mañana siguiente, decidimos quedarnos unos días en esta pintoresca villa de vacaciones.
Por la tarde nos tocaba sesión de Rafting. Cogimos unas furgonetas que nos llegaban río arriba, para iniciar el descenso por lar rápidos del río en cuestión, después de un breve cursillo nos cambiamos a los trajes de neopreno, y nos repartimos en las tres barcas, que irían seguidas de dos kayaks de salvamento, por si alguien pudiese caerse.
Una vez en el agua, nos sentamos en la barca, a mi me toca la parte delantera lo que le daba aún más emoción al descenso, los primeros minutos trascurren bien, luego en una zona de muy fuertes turbulencias de agua, la barca se inclina hacia delante con fuerza tal que los que íbamos delante nos sumergimos medio cuerpo en el agua, y el monitor que es el encargado de dar las ordenes de remo de la embarcación se cae al agua, esto nos dejaba en una situación bastante comprometida, quedando a la deriva y sin capitán en la peor parte de los rápidos del dichoso río.
Tras unos minutos, y con la ayuda de los rescatistas de los kayaks y los compañeros de expedición, el monitor consigue subir a la embarcación y recobrar el control.
En el transcurso del día conocimos a unas chicas Argentinas de Bariloche, que pasaban unos días de vacaciones en Pucón, y quedamos en vernos por la noche para tomarnos unas copas.
Más tarde ya en el pueblo nos dirigimos a una cabina de teléfono, en el trayecto Pedro cree ver a alguien conocido, era un antiguo compañero de estudios al que duda por un momento en saludarle. Y solo un instante después nos plantamos delante de él. El chico se llamaba Matías y también estaba el fin de semana de vacaciones por la zona. Conducía un todo terreno nuevo, el cual se lo había prestado su hermano, conversamos un rato y quedamos con él para vernos en otro momento.
La noche ya se nos había echado encima. Quedamos con nuestras amigas, nos tomamos unos cócteles y luego decidimos ir a la zona de las discotecas a tomarnos algo más (tendríais que haber visto nuestras pintas, ya que por razones de espacio y peso en las alforjas de la bicicleta no llevábamos ropa para salir, solamente lo imprescindible para el viaje). Al finalizar la noche nos despedimos de las chicas, nos intercambiamos teléfonos y direcciones, ellas insisten en que nos acerquemos a visitarlas por Bariloche pero nuestro viaje debía continuar su curso, por tanto, nuestros caminos se separaban.
A la mañana siguiente teníamos reservado dos plazas en una expedición para ascender al volcán Villarrica.
Muy pronto por la mañana, ya en el punto de encuentro nos cambiamos de ropa y en el minibús nos dirigimos hacia la base del volcán en donde se encontraban los remontes que nos conducirían hasta la nieve. Una vez pisado la nieve comienza la ascensión a la cumbre que se encuentra a 3500 m.
El ascenso debía realizarse en fila india, de modo que el primero es quien abre huella y el resto camina sobre ella siempre subiendo en zig zag (ya que en línea recta sería imposible debido a las fuertes pendientes y el hielo extremadamente resbaladizo). También es importante asegurar cada paso, clavando bien los grapones que llevábamos montados en las botas, y el piquete de mono para mayor seguridad.
Como a mitad de camino, tras dos largas horas, hicimos una parada para reponer energía y comer algo. Picamos lo que llevábamos encima: unas latas de conservas y un poco de pan, frutas y bebidas. Nos quedamos encantados con las vistas que nos ofrece la montaña. Pasados unos veinte minutos nos ponemos en marcha para coronar la cima. Cada paso que dábamos y ganábamos altitud las piernas nos pesaban más y costaba más respirar, la altitud comenzaba a notarse
Después de otra larga hora y media por fin llegamos a la CIMA!!! En donde hacia mucho aire, por tanto, lo primero que hacemos es abrigaros poniéndonos lo que nos habíamos quitado en el largo ascenso: guantes, gorro y cazadora.
Una vez arriba, lo principal, es contemplar las espectaculares vistas que nos ofrece el volcán Villarrica con sus 3500 m, desde allí podíamos contemplar otros tres volcanes, debido a que este es el pico más alto de la región en la que nos encontrábamos.
Lo siguiente fue dar la vuelta al cráter, esto no nos resulto tan sencillo como parecía a primera vista, ya que este es un volcán en activo y del cráter sale un gas en forma de humo blanco que irrita la vista, con lo cual no hemos podido ver la lava.
El descenso fue mucho más rápido, mi primo y yo lo hicimos a nuestro aire. Comenzamos a correr y luego nos tiramos resbalando con el culo en el hielo, en otras palabras el clásico culi patín. En treinta y cinco minutos estábamos en los remontes a la espera de la llegada del grupo.
Al día siguiente quedamos con Matías, el amigo de mi primo, él se volvía para Argentina por su trabajo y se ofreció a llevarnos si quisiésemos, y la verdad es que no pudimos rechazar la oferta, decidimos visitar a nuestras amigas en Bariloche las cuales no nos esperaban ni por lo más remoto. Cargamos nuestro equipaje y las bicicletas en el todoterreno, y nos marchamos dirección Bariloche.
En chaval iba a toda máquina, como si se tratase de una persecución de las pelis de James Bond, tal es así que en una curva el todoterreno se puso en dos ruedas (dejando en el aire las laterales derechas al hacer una curva hacia la derecha) y para dar constancia de lo dicho vean en la foto como quedo la rueda (debido a las altas velocidades a las que conducía el inconsciente enajenado que nos toco de conductor). Lo peor de todo es que por los caminos que circulábamos eran de tierra y piedra con unos paisajes y lagos que cualquiera se enamoraría de poder visitar este, un entorno de ensueño, me refiero al “camino de los 7 lagos”.
Después de subsanados los diversos contratiempos: destrozo de la rueda trasera izquierda y pinchazo de otra, por fin llegamos sanos y salvos a casa de nuestras amigas en Bariloche. Cuando tocamos timbre y las chicas salieron y nos vieron no salían de su asombro, habíamos llegado casi a la par a Bariloche.
Los días en Bariloche, los dedicamos a hacer trekking: el primer día subir al “Cerro Catedral” y el segundo subir al “Cerro Tronador”.
El “Cerro Tronador”, debe su nombre a los ruidos que generan los glaciares colgantes de la cima, los cuales están en constante movimiento y se escuchan desde unos kilómetros a la redonda. Al llegar a la cumbre del“Cerro Tronador” nos compramos unas latas de cerveza para brindar por otra cumbre más que habíamos conseguido coronar, y contemplamos uno de los atardeceres más bonitos que recuerdo. Pasamos la noche en el refugio, y a la mañana siguiente descendimos.
Tras estos días de aventura regresamos a Buenos Aires, eso sí, ya en autobús.
Y con esto doy por concluido mi relato de este viaje en bicicleta, muy satisfecho, y aún hoy cantidad de años después, con un grato recuerdo de los momentos vividos.
FEDE

