Esta travesía, tiene  como punto de partida la ciudad de Mendoza ( Argentina ) Situada al oeste del país, y con una altitud de 746,5 msnm.

El viaje tuvo lugar en el mes de enero (verano en Argentina). El clima es cálido y húmedo, es la época más lluviosa y las temperaturas medias están por encima de los 25º.

La ruta que realizaríamos era circular.

El desafío suponía alcanzar los 4200 msnm. hasta  la frontera con Chile, para luego descender por los imponentes caracoles de Villa Viciosa hasta retornar a la ciudad de Mendoza.   

Formábamos parte de esta travesía dos integrantes, Carlos a quien conocí  en mi primer viaje por San Martín De Los Andes, y quien os escribe FEDE.

Con Carlos seguí  manteniendo el contacto, coincidimos en algunas salidas en bici por Buenos Aires y, en una de ellas, comenzamos a planificar el que sería nuestro próximo desafío.

La primera etapa fue larga y pesada, entrado el mediodía  el calor se hacía notar, llegando a alcanzar temperaturas de hasta 37 grados. A  medida que fuésemos ganando altitud el calor remitiría.

Pero todo sacrificio tiene su recompensa, y esta por una vez nos había tocado a nosotros.

A lo largo del camino nos encontramos con una espectacular piscina de aguas termales, la cual disfrutamos por unas horas prácticamente en exclusiva.

Este fue el mejor regalo que nos podríamos haber imaginado.

Pasadas unas horas, ya repuestos del cansancio acumulado del día, decidimos seguir nuestro camino sin saber lo que nos esperaba

El viento se había incrementado en la últimas horas notablemente, lo que nos dificultaba nuestra marcha, pasado unos minutos el cielo se cubrió de un mar de nubes negras amenazantes. Dada la hora, la climatología, y los kilómetros que llevábamos sobre nuestras espaldas, decidimos buscar un sitio donde acampar y pasar la noche.

A la mañana siguiente emprendemos la marcha dirección Potrerillos:

Típico valle serrano de gran belleza paisajística por el contraste de colores y texturas de rocas.

Esta enclavado entre la precordillera y el Cordón del Plata. Lo surca el amplio lecho del río Mendoza y el río Blanco.

A medida que nos adentramos en la precordillera, las pendientes comienzan a acentuarse y nuestro ritmo disminuye notablemente.

En nuestras paradas para contemplar el paisaje y hacer fotos, aprovechamos para reponer energías, consumiendo alimentos de gran contenido calórico (Frutos secos) y también para beber y rellenar nuestras reservas de agua.

Unos kilómetros más arriba de nuestra última parada, nos encontramos al margen derecho del camino, por donde discurre el rió Mendoza, una caseta de madera con un cartel que ponía  Rafting.

No lo dudamos ni por un momento, y nos apuntamos al próximo descenso por los rápidos del rió Mendoza. Una experiencia muy emocionante y refrescante a la vez.

Pasadas dos horas desde nuestra parada para practicar Rafting nos disponemos a continuar unos kilómetros hasta llegar al camping de Potrerillos.

Una vez instalados en el camping nos damos una vuelta por el pueblo para admirar las imponentes vistas de los cordones montañosos.

Tras preparar la cena y después de haberla ingerido, nos encontramos con nuestros vecinos del camping, estos nos invitan a tomarnos una cerveza. Contemplando el fuego que habían preparado, charlamos un rato y al cabo de unas horas nos despedimos.

Nos levantamos algo más tarde de lo habitual, desayunamos fuerte, y por último desmontamos el campamento para seguir nuestro ascenso a la frontera con Chile.

Nuestra siguiente parada sería Uspallata:

Extenso y pintoresco valle de montaña ubicado en la cordillera frontal de Los Andes y la precordillera. Con Orientación de Sur A Norte a 117 kilómetros de Mendoza y entre los 1900 y 2500 msnm

Entre alamedas se encuentra la villa de Uspallata. Enmarcado por imponentes cordones montañosos, en el valle discurren innumerables arroyos los que alimentan al rió Mendoza.

Es característico su microclima especial.

El día hacia Uspallata fue uno de los más duros de toda la travesía. A medida que ganábamos altitud el viento se incrementaba hasta llegar al punto de poder tumbar la bicicleta. Por ello,  en determinados tramos debíamos bajarnos de ella y proseguir con la misma a pie.

Una vez sorteados los obstáculos climatológicos más adversos y cuando parecía que la calma había llegado, nos encontramos con fuertes lluvias, estas  nos obligan a parar para ponernos el chubasquero y proteger las alforjas de posibles filtraciones de agua.

Para ello disponíamos de un spray impermeabilizarte, el cual se debe aplicar a las alforjas.

 Al margen de este spray, mi recomendación es llevar alforjas que contengan fundas impermeables o estén fabricadas de un material impermeable.

 

Después de subsanados todos los obstáculos que la climatología nos había preparado nos montamos nuevamente en la bicicleta y horas más tarde arribamos a Uspallata.

Una vez en el camping, montamos la tienda, quitamos las alforjas de la bicicleta y con ella nos dirigimos hacia el pueblo para cenar.

Por la mañana, luego del desayuno, nos tomamos un rato para revisar las bicicletas, y ajustar tornillos que pudiesen haberse aflojado en el transcurso de estos días, así como también a regular los radios que debido al peso de las alforjas, y el estado de los caminos de tierra por donde transitábamos se aflojaban, provocando que la rueda se descentre y roce con los frenos (es recomendable llevar radios de repuesto).

Una vez que acabamos con la revisión de las bicicletas, iniciamos nuestra marcha, siempre en constante ascenso.

Esto sumado a la altitud que llevábamos nos acortaba las etapas considerablemente.

El lado positivo, era que nuestros cuerpos al margen del cansancio acumulado respondían perfectamente a la altura, esto se debía a que nos encontrábamos perfectamente aclimatados, debido al ritmo de ascenso. No es lo mismo hacer esta ruta en coche, donde  pasamos de los 746 msnm a los 4200 msnm en tan solo unas horas, a realizarlo paulatinamente en bicicleta.  

El día amaneció nublado, el tiempo nos estaba dando una tregua, una tregua que aprovecharíamos.

El aliento incondicional de la gente, que transitaba por la carretera en coche era incesante, dándonos de alguna manera su apoyo, pitándonos, asomándose por las ventanilla para darnos aliento, saludándonos, etc.

Este gesto espontáneo nos subía la moral y nos daba un plus de energía.

Mientras nuestro camino proseguía hacia la cima, cada vez nos encontrábamos un poco más cerca de coronar esos 4200 msnm  que nos habíamos puesto como reto personal.

Las expectativas depositadas en el viaje estaban cumplidas, los imponentes cordones montañosos por los que circulábamos eran algo realmente espectacular, con sus montañas más altas de casi 7000 msnm nos hacían sentir infinitamente pequeños en la inmensidad de los millones de toneladas de rocas.

A lo largo del día alcanzamos nuestro próximo destino.

Polvaredas:

Un pueblo prácticamente fantasma, en donde años atrás cuando transitaba el ferrocarril, con parada en Polvaredas, este tenía muchos más habitantes que en la actualidad. La pérdida de esta línea de ferrocarril ha dejado a los habitantes de estos pueblos perdidos a la mano de díos.

Una vez allí encontramos una casa abandonada, la que nos serviría para montar nuestra tienda y protegernos de las rachas de vientos  del exterior.

Después de cenar nos acostamos pronto.

Normalmente a eso de las diez de la noche, es la hora a la que dábamos por concluido el día. Ya  que debíamos aprovechar la luz del día.

Ya por la mañana, solíamos  levantarnos a eso de las siete,  en este caso es al contrario de lo dicho.

Al amanecer,  la claridad del sol y el calor que éste genera, hace que nuestra estancia en la tienda comience a tornarse incomoda.

A las ocho de la mañana ya en camino dejamos atrás Polvaredas para alcanzar nuestro próximo destino

Puente Del Inca:

Paraje cordillerano  famoso por el hermoso puente natural, una curiosidad geomorfológica única en el mundo, que ha sido declarada Monumento Natural.

Se encuentra a 2700 msnm.  Próximo a la ruta 7, a 180 Km. de la ciudad de Mendoza sobre el cauce del río Las Cuevas, ha sido formado por la acción del mismo.

El caudal fluvial, se abrió paso entre sedimentos creando un pasaje entre morenas y luego cementado por las aguas minero termales cubriendo la zona con una carcasa ferruginosa que le otorga su colorido de tonalidades naranjas, amarillas, ocres y su constitución particular.

Los kilómetros que nos esperaban de Puente Del Inca transcurrieron con normalidad, de camino dejamos atrás Punta de Vacas desde aquí se accede al campamento base del Aconcagua.

Una vez en Puente Del Inca nos hospedamos en un albergue militar, en donde nos encontramos a escasos metros del puente, el cual visitamos a continuación. Un sitio realmente muy atractivo.

Nos acostamos a tan solo un día de la frontera con Chile, nuestro punto más alto en esta travesía.

Por la mañana, dejamos atrás Puente del Inca con sus 2700 msnm. Esta etapa,  la última en ascenso, se presentaba como la más dura de todo el viaje, debíamos afrontar un desnivel de 1500 metros.

En este último tramo, hasta llegar a las cuevas, el grado de inclinación de la carretera era extremadamente elevado.

Tal es así que los camiones de carga (los trailers) que cubrían el recorrido Argentina - Chile,  nos superaban en tan solo unos kilómetros por hora. Estos no podían circular a más de doce kilómetro por hora, lo cual nos daba la posibilidad de acelerar la velocidad crucero actual de tan solo 8 kilómetros por hora, hasta alcanzar la del camión, y con un poco de ingenio y picardía agarrarnos de la parte trasera derecha de los mismos.

Con este as que me había sacado de la manga, y sin medir los riesgos que podía entrañar para mí,  conseguí una ventaja de veinte minutos respecto de Carlos, mi compañero.

Carlos no había tenido en cuenta esta posibilidad, se encontraba realmente extenuado para afrontar la última de las subidas, y esta vez si que era la más complicada.

En este último tramo ascenderíamos de los 3200 msnm a los 4200 msnm en nueve kilómetros, por un camino de tierra e infinidad de curvas de esas que te quitan el aliento de tan solo verlas.

Una vez en la cumbre, nos encontramos  en el paso más alto de la región, al cabo de un rato llegaría Carlos.

Pasamos un rato admirando las vistas privilegiadas que nos otorgaba semejante altura, desde aquí podíamos admirar con claridad toda la Cordillera De Los Andes.

Nos tomamos una cerveza en el refugio a modo de brindis, sabiendo que el trabajo estaba hecho.

Ahora nos quedaba disfrutar del descenso. Un descenso que nos habíamos ganado  con el sudor de la frente.

El primer descenso por el camino de caracoles, de mil metros de desnivel fue brutal Una descarga de adrenalina apasionante.

Luego fue, desandar lo ya andado hasta Uspallata.

El tremendo sacrificio de tres días enteros, lo desandamos en en dos horas. Luego tomamos una variante en el camino, que nos llevaría a la ciudad de Mendoza, por Villa Viciosa.

Este es otro camino con unas vistas imponentes de la precordillera y sus caminos de curvas sinuosas.

Pasada otra hora y media nos encontrábamos en el destino de partida, la ciudad de Mendoza. En ésta aprovecharíamos dos días libres que nos quedaban para hacer turismo y descansar, eso si sin la bicicleta.

     

                                                                                                                              

                                                                                                                                   FEDE

 

 

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