Primera parte de la travesía:
Argentina “San Martín De Los Andes "
Este fue mi primer viaje largo en bicicleta, todas las expectativas estaban puestas en él las cuales fueron superadas con creces. Y como ejemplo de ello: al concluir el viaje en grupo (si mal no recuerdo fue de doce días incluido los traslados de ida y vuelta a Buenos Aires) mi primo Pedro, uno de los participantes y quien les escribe FEDE, quisimos prolongar estas vacaciones en bicicleta. Y para ello decidimos que nuestro viaje continuaría por tierras chilenas, los dos solos.
Partimos desde San Martín De Los Andes, Argentina. Un grupo compuesto por unas veinte personas, un monitor, dos chóferes para la furgoneta de apoyo, y Gustavo Gonzales (guía de ciclo turismo) organizador de la travesía.
Como os he dicho anteriormente el grupo estaba compuesto por unas veinte personas de diferentes edades y sexo, el rango de edad estaba comprendido entre los dieciséis hasta los cincuenta y algunos años, en el caso de los hombres, las chicas eran algo más jóvenes.
Gustavo era la persona que se encargaba de marcar el ritmo de la expedición, mientras que Juan era quien cerraba el pelotón (entre ellos se comunicaban por twintalker)
Unos metros más atrás teníamos la compañía de la furgoneta de apoyo, esta se utilizaba para transportar la carga de cada uno de los participantes, con lo cual nos libraba de tener que llevar la bicicleta cargada. Otra utilidad era el desplazamiento del campamento, el cual se montaba y desmontaba a diario (cada día se realizaba en una situación geográfica diferente) y por último, para el transporte de cualquiera de los integrantes de la expedición, que por razones físicas, cansancio, lesión, rotura de la bicicleta, etc., así lo requiriesen.
Por la mañana, lo primero era el desayuno, la comida más importante del día, a la que le dedicábamos buen tiempo (consumíamos alimentos con muchas calorías: nutella, dulce de leche, avena, cereales, etc.), acto seguido se procedía al desmontaje del campamento y, a continuación, a disfrutar del día que nos esperaba.
Las etapas estaban perfectamente programadas, con sus paradas técnicas cada ciertos kilómetros, para consumir alimentos energéticos y bebidas isotónicas proporcionados por la organización.
A mediodía, no se paraba para hacer una comida formal, por este motivo la importancia de un buen desayuno, y haya por la noche, cenábamos formalmente.
Los senderos y caminos por donde discurrían las rutas estaban muy bien trazados por parte de los organizadores. Atravesábamos literalmente: bosques, montañas, ríos, sitios por donde uno con su bicicleta por cuenta propia sería imposible de transitar, ya que se debe de conocer la zona a la perfección, como era el caso de Gustavo.
xto >>
Lo que hacía especial y atractivo a la travesía, era el hecho de estar en constante contacto con la naturaleza y la diversidad del clima: el frío por la mañana, el intenso calor del sol, las tremenda trombas de agua de verano, el barro fiel aliado y el viento compañero incesante. La bicicleta es la única capaz de recorrer sitios intransitables para otro medio de locomoción. Deporte, naturaleza y aventura, un cóctel perfecto.
Y los días fueron pasando, casi sin darnos cuenta, conocimos gente nueva, hicimos amigos con los que podríamos compartir esta afición que nos unía.
La experiencia fue muy positiva en la cuales todos hemos aprendido a convivir aunque sea solo por unos días y aprender cada día algo nuevo.
La conclusión al terminar el viaje, fue de quedarnos con ganas de más. Y como quedarse con las ganas es muy malo, mi primo y yo decidimos seguir viaje.
FEDE
Escribir comentario
Comentarios: 0