Patagonia Argentina-Chilena

 

 Un viaje apasionante, 1500 Km.  37 días de travesía.

 

 

 

 

Todo comenzó en  Puerto Montt una ciudad del sur de Chile, capital de la provincia de Llanquihue y de la x región de Los Lagos

Desde aquí comenzaría esta nueva travesía.

Al llegar a Puerto Montt, después de 36 horas de interminable peregrinación en autobús. Lo único que deseaba era encontrar un hospedaje en donde poder dormir y recuperarme del día y medio de viaje.

Al día siguiente, después de haber dormido parte de la tarde y toda la noche, me puse  en marcha.

Antes de abandonar Puerto Montt, debía encontrar una casa de cambio de divisas. Una vez allí y efectuado el cambio, me sorprendió la cantidad de billetes que recibí. El cambio por aquel entonces de pesos Argentinos a Chilenos me favorecía notablemente, con lo cual había recibido un buen fajo de billetes.!!

Me dirijo hacia el puerto, donde debía abordar un trasbordador que me conduciría a la isla de Chiloé.

Chiloé es un archipiélago al sur de Chile, entre los paralelos 41º y 43º de latitud sur. Además de un gran número de islas de menor tamaño, comprende a la Isla grande de Chiloé 

El archipiélago tiene una población total de 154.766 personas aproximadamente, y una superficie de 9.181 km².

Me vi gratamente sorprendido por los isleños y su gran hospitalidad, los cuales me brindaron su apoyo en todo momento.

En Chiloé aprovechaba para dormir en hospedajes, estos eran económicos y muchos de ellos incluían la cena o el desayuno.

Mi objetivo era llegar hasta Quellon, para embarcarme hacia el continente. Por mi paso por Chiloé, recorrí las ciudades y pueblos de: Chocao, Ancud, Quemchi, Dalcahue, Castro, Cucao, Queilen, Quellon

 

 

 

El barco, de la empresa Navimag, sería el encargado de conducirme a la península nuevamente. Este barco, que principalmente se dedica al transporte de mercancías, también contaba con un cupo de plazas para pasajeros.

El viaje constaba de un gran numero de paradas, 37 horas de navegación me separaban de Puerto Chacabuco donde debía abandonar el barco para proseguir mi viaje en bicicleta.

Estos barcos son el único medio de locomoción por los fiordos Chilenos.

Mi experiencia a bordo fue algo que jamás olvidare. Las comodidades a bordo eran escasas, mi billete me daba derecho a un asiento como el de un autobús, el cual prácticamente no he utilizado.

Lo positivo de viajar en barco es la libertad de poder desplazarte libremente, tanto por dentro, como por la cubierta, y así poder contemplar los canales patagónicos donde se sumergen las nevadas cumbres de la cordillera de Los Andes, con aguas de variados colores que dan paso a los testigos mudos de la última glaciación.


Pasadas unas horas llegaba nuestra primera parada. Este pueblo no contaba con un puerto, ni tan siquiera con un muelle donde poder realizar las maniobras de carga y descarga de mercancías y pasajeros.

El barco llegaba hasta la misma playa, y una vez allí desplegaba la compuerta de la popa directamente sobre la arena.

 

En este caso se nos permitía bajar del barco sin alejarnos demasiado de él, hasta que concluyeran las maniobras de descarga de camiones y mercancías.

No os podéis imaginar ni por un momento de cuan rudimentario era esta práctica. Para poder efectuar la maniobras de descargar de vehículos. Se colocaban a continuación de la compuerta del barco unos tablones de madera en horizontal, uno a continuación del otro, hasta salvar la arena. Por estos tablones los camiones debían circular hasta alcanzar el final de dicho camino.

Pero aquí no acaba todo, el camino de madera no llegaba hasta donde se terminaba la arena, sino poco más de medio camino, con lo cual una vez que se acababa el camino los camiones se quedaban literalmente atascados en la arena. Toda esta película surrealista, trascurría ante la mirada perpleja del pasaje que nos encontrábamos a pocos metros.

Para desatascar los camiones, la gente de la isla contaba con un tractor y una cuerda que se ataba al camión para remolcarlo hasta el firme.

Una vez efectuadas todas las maniobras de descarga, subimos a bordo para proseguir con el viaje.

 

 

 

 

Otra parada que me llamó la atención fue la que realizamos horas más tarde. En medio de la espesa oscuridad que nos rodeaba, advertíamos de nuestra presencia mediante las potentes bocinas del barco. Están servían de señal acústica para las barcas que se encontraban en la costa, las cuales debían acercarse hasta nuestra posición  a unos 300 metros de la costa.

Por la compuerta y mediante unas grúas, ubicadas a babor y estribor se efectuaban las labores de carga y descarga de mercancías, así como también de los pasajeros que debían abordar o desembarcar.

En uno de mis paseos por la cubierta, me percate de la presencia de otra bicicleta. Esta también contaba con una extensa carga, con lo cual ya no era el único pasajero que viajaba en bicicleta.

Uno de mis sitios favoritos para pasar las horas a bordo era la proa, donde se encontraban unos bancos que contaban con unas vistas privilegiadas.

En estos bancos, conocí a unos vendedores ambulantes, con los que me hice amigo y compartimos gran tiempo del viaje en barco. Eran chilenos y viajaban por trabajo alrededor de todo el país.

Y por fin, llego el momento de abandonar el barco, para seguir con mi bicicleta viajando hacia el sur.

 

 Recorrido en bicicleta: Puerto Chacabuco hasta Frontera con Argentina (Paso De Los Antiguos)

 

 

Al bajar del barco coincidí con el otro ciclista, que viajaba en el barco. Después de charlar durante un momento emprendimos la marcha juntos, ya que nuestras rutas coincidían en gran parte su recorrido. Nos dirigíamos hacia Coihaique, en donde se sumo un tercer ciclista a nuestro grupo. Este era chileno y contaríamos con su compañía hasta el final del día para luego proseguir con su itinerario.

Horas más tarde, dejamos Coyhaique atrás y nos adentramos en la cordillera. A lo lejos en el camino, divisamos con cierta dificultad una silueta parecida a la de una moto, la escasa visibilidad producida por las nubes bajas que nos rodeaban nos impedían ver con exactitud de que se trataba. Poco a poco nos vamos acercando, y aquella silueta extraña se va aclarando hasta darnos cuenta de que se trataba de un ciclista.

Este llevaba la bicicleta tan cargada que desde lejos daba la impresión de ser una moto.

Dos alforjas traseras, un bolso por encima de estas,  dos alforjas delanteras, y un bolso en el manillar, una auténtica locura.

Aquello más que una bicicleta parecía un tanque... mover esa bici requería de un esfuerzo sobrehumano. Con este nuevo compañero sumábamos cuatro integrantes, algo impensable para mí tan solo unas horas antes. Una nueva nacionalidad se sumaba, la francesa.  Nuestro grupo era lo más cosmopolita que jamás hubiera imaginado: Italia, Francia, Chile, Argentina.

Al cabo de un rato nos despedimos de nuestro compañero chileno, y comenzamos a pensar en buscar un buen lugar para acampar y pasar la noche. Unos kilómetros más adelante encontramos el sitio perfecto, a orillas de un río, el cual nos proporcionaría agua para beber, cocinar, y asearnos.

 

 

 

Lo más importante a la hora de montar un campamento, es escoger el sitio más propicio para montar la tienda de campaña. Hay que tener en cuenta por donde sopla el viento y situar la tienda a favor de él, después escoger un sitio lo más plano posible, sin piedras, y por  último, nunca se debe de montar la tienda cerca del rió, debido a las posibles crecidas del mismo.

Una vez montada la tienda inflamos la colchoneta aislante y desplegamos el saco de dormir. A continuación toca asearnos, para ello utilizamos el agua del río. Una vez  aseados, nos dimos una vuelta por las inmediaciones del campamento para recolectar ramas con las que posteriormente hacer fuego.

 

El fuego lo utilizamos tanto para cocinar como también para resguardarnos del frío nocturno y del amanecer. A pesar de estar en pleno verano, las temperaturas en la Patagonia llegan a caer por debajo de los cero grados.

Mientras disfrutábamos de la cena, aprovechamos para comentarnos cada una de nuestras aventuras por separado. Nuestro compañero, Edgard, francés de Le Mans, nos cuenta que desde hace ya unos meses había comenzado con su reto personal de unir en bicicleta Perú, Chile, Argentina, Bolivia. Su viaje había comenzado en Perú seguido de Chile, para luego cruzar a Argentina atravesándola de punta a punta hasta alcanzar Bolivia, sitio donde culminaría con su proeza.  

Edgar, es profesor de primaria de una escuela en la ciudad de Le Mans Francia y contaba con un año sabático para realizar el viaje. No es la primera vez que aprovechaba un año sabático para viajar por el mundo, pero si para viajar en bicicleta. Con unos 45 años, Edgar era un viajero nato, y era para mi un gran honor contar con su presencia.

Por la mañana tempranito ya nos ponemos en pie. El que primero se levantase seria el encargado de hacer fuego, una vez encendido el fuego nos toca prepararnos el desayuno.

Con respecto a este tema, he de decir cuan importante es el desayuno. En nuestro caso, al realizar un esfuerzo físico muy importante durante un largo periodo de tiempo, el desayuno se puede considerar la comida más importante del día.

Yo personalmente me preparaba un desayuno explosivo… Ponía en un cazo pequeño leche, cuando estaba por hervir le agregaba avena, esta al entrar en contacto con la leche la absorbía, pasados unos minutos la retiro del fuego y le agrego unas cucharadas de dulce de leche. Un desayuno con un alto contenido calórico.

Después del desayuno nos toca el ritual de todos los días, desmontar el campamento. Una vez desmontadas las tiendas y colocadas las alforjas en la bici ya estamos listos para continuar nuestro viaje.

 

El día había amanecido muy nublado y frío, lo que nos obligaba a abrigarnos algo más de la cuenta. Nos esperaba un día difícil, nos pasaríamos prácticamente todo el día subiendo.

Como a la media hora de iniciar nuestra marcha, nos detenemos por un instante, nos quitamos algo de ropa y sin perder ni un instante proseguimos la marcha para no quedarnos fríos.

En una de las interminables subidas, divisamos a lo lejos una mancha negra en el camino. Esta se acercaba hacia nosotros con rapidez, hasta que por fin logramos saber de que se trataba…

Era un perro, había aparecido de la nada, nos detenemos le acariciamos un momento y decidimos marcharnos, pero el cuadrúpedo estaba demasiado aburrido en la inmensidad de la Patagonia, al mirar atrás divisamos que el animal nos seguía.

Se podría decir que nuestro equipo se había incrementado de tres a cuatro integrantes, pero esta vez no se trataba de un ciclista, el nuevo integrante se llamaba “Austral”, así es como lo bautizamos.

 

 

Austral llevaba un ritmo frenético siempre por delante nuestro, como si se tratase de un perro guía.

 Minutos más tarde se desato una tormenta, esta nos obliga a pararnos para reequiparnos. Hacía un frío de muerte, con rachas de viento muy fuertes, parecía que el fin del mundo había llegado, y el amigo ni se inmutaba. Allí le veíamos, en el suelo empapado, mirándonos con cara de decir: “Vaya tres que me encontrado” vamos, más rápido, que no tengo todo el día. Estaba claro que el perro era un nativo de la región, y se encontraba perfectamente aclimatado.

Unos kilómetros más adelante nos detenemos para almorzar, no dudamos en ofrecerle parte de nuestra comida a Austral,  el bicho encantado de la vida, se lo comía casí sin saber lo que estaba ingiriendo.

Las comidas entre diario debían ser ligeras y ricas en calorías, solíamos comer embutidos, un poco de pan, latas de conserva, chocolate, frutos secos, etc.

El tiempo nos había dado una tregua, aunque sea  la hora de comer, no nos entretenemos mucho con la comida, decidimos seguir y aprovechar ahora que no llovía.

 El clima por esta región es muy cambiante, cuando hay tormentas parecen propias del fin del mundo y en tan solo unos minutos el fuerte viento puede barrer con las nubes dejándonos un sol esplendido. 

 Una hora más tarde decidimos buscar un lugar donde acampar y reponer energías hasta la mañana siguiente. El día de hoy no fue nada productivo, solo pudimos avanzar unos 56 kilómetros.

A la mañana siguiente hacía un frío mortal, a medida que avanzábamos hacia el sur  ganábamos altitud y el frió se hacia notar aún más.

 

 

Por las mañanas, a la hora de levantarse como a las 7 de la mañana, eran uno de los momentos más difíciles del viaje. Salir del saco de dormir con una temperatura de unos 1 o 2 grados era realmente una tortura. Luego de vestirnos tocaba abrir la cremallera de la tienda y salir de nuestra cueva, en el exterior de dicha tienda todo estaba mojado por el rocío nocturno.

Yo tenía un truco para no pasar tanto frío, una botellita con ron,  un trago por las mañanas ayudaba en gran parte a combatirlo, y vaya si se notaba, al más puro estilo ruso, sólo que en vez de vodka era ron.

Pasados estos momentos, el sol empezaba a calentar y el día se iba tornando más templado y acogedor.

Una vez en marcha, nos sabía todo a gloria, montando en bici  con todos los sentidos puestos en este magnifico entorno que elegimos para hacer nuestro sueño realidad.

Los glaciares, montañas, ríos, lagos, islas y bosques, son los responsables del atractivo de nuestro desafío. En cada curva el paisaje nos volvía a sorprender, era una sensación única, algo irrepetible. Nunca olvidare las palabra de Edgard “Too much” repetía una y otra vez completamente seducido por su entorno.

Por la tarde llegamos a un pueblo, no recuerdo como se llamaba, éste estaba a orillas del Lago General Carrera, era un pueblo muy pequeño que contaba con un camping, razón por la cual decidimos hacer noche en él.

Era el primer camping en muchos días de viaje, desde que abandonamos el barco no hemos descansado ni un solo día en un camping.  Este fue el lugar elegido para hacer un alto en nuestro viaje y tomarnos un día libre.

Nos enteramos que por la noche un pueblo vecino se encontraba de fiestas, y no dudamos en acercarnos, un señor del pueblo se ofrece a llevarnos gentilmente.

Al anochecer, nos encontramos con la persona que nos llevaría al pueblo. Nos montamos en su Pick up, en la parte trasera en la caja, ya que delante no disponía de sitio.

Recuerdo que nuestro chofer conducía a unas velocidades de vértigo, por unos caminos de curvas sinuosas, en donde la oscuridad hacía acto de presencia, y con un precipicio a la derecha del camino que nos quitaba el aliento. Comenzábamos a arrepentirnos de aceptar el ofrecimiento de aquel hombre, que jamás imaginamos de lo que fuese capaz.

Al cabo de unos 20 minutos, llegamos con el corazón en un puño sanos y salvos.

El pueblo estaba de fiestas, había una especie de mercado con comidas típicas de la región y bailes  populares. Permanecimos un rato en aquella fiesta, cenamos algo y nos reencontramos con el hombre que nos llevaría de vuelta al camping.

A la mañana siguiente, decido pasar parte del día visitando unas pinturas rupestres que se encontraban a unos kilómetros de nuestra localización. Al volver por la tarde, vacío las alforjas y recoloco su contenido, cuando acabo con esto, limpio la transmisión de mi bicicleta para posteriormente engrasarla.

Recuperados, con las pilas cargadas tras un día de descanso, nos ponemos en marcha.

 

 

A unos 100 metros de salir del camping, noto un ruido extraño en mi bicicleta, me bajo y al observarla veo que mis bielas habían sufrido una avería de difícil solución.

Los tornillos de fijación de las bielas se aflojaron y terminaron por caerse, hasta provocar la rotura de dos de los cuatro orificios para los tornillos situados en la biela derecha de la bici.

Con la bici rota y en medio de la nada mis planes de viaje se ven frustrados, me despido de mis compañeros y decido retroceder lo andado durante 5 días. Debía volver a Coyhaique para conseguir repuestos para mi bici, el autobús que me llevaría hasta allí no saldría hasta mañana.

Con mis planes trastocados ya no podría alcanzar la meta que me había propuesto al iniciar la travesía. Pero no me doy por vencido al volver al camping me encuentro como una especie de taller en el cual no había nadie, toco timbre y me atiende una mujer, le explico lo sucedido y ella me dice que su marido no esta que no vuelve hasta la noche pero que si necesito utilizar sus herramientas puedo hacerlo.

Me pongo manos a la obra, entre el revoltijo de cosas que tenían en esta especie de pseudo taller me encuentro con unas botellas de plástico cortadas, las típicas donde uno guarda de todo, tornillos, tuercas, arandelas, remaches, etc.

Con unos tornillos, tuercas, arandelas, y algunas herramientas más consigo reparar la bici. Luego compruebo que los cambios funcionasen bien, de momento la avería estaba subsanada. Agradezco a la señora del taller por su gentileza y me despido de ella.

Con un retraso de tres horas sobre mis compañeros inicio la marcha a ritmo forzado para tratar de alcanzarlos.

Pero esto sería más complicado de lo que me imaginaba, ya no por la distancia que nos separaba en sí, sino porque llegado determinados punto del camino por donde transitaba este se bifurcaba. He aquí un problema añadido el no saber cual habrían tomado mis compañeros. Me bajo de la bici y comienzo a analizar una u otra alternativa, de no elegir la correcta ya no volvería a reencontrarme con mis compañeros.

En el camino de la izquierda noto que levemente se dejan ver unas rodaduras de rueda de bicicleta, decido arriesgarme y decantarme por este.

Llevaba un ritmo frenético casi sin darme descanso en ningún momento, la tarde se me echaba encima, y el cansancio por el sobreesfuerzo me pasaba factura.

En una de las tantisimas curvas del camino al girar hacia la derecha veo a dos personas en bicicleta, estas al escucharme se dan la vuelta. Eran mis compañeros, estos no daban crédito de lo que veían, estaban alucinados, al llegar hasta su posición lo primero que miran es mi bicicleta y no lo podían creer, el reencuentro fue muy emotivo y gratificante.

Unos minutos más tarde, hubiese sido tarde ya que en el momento de nuestro encuentro se disponían a abandonar el camino para adentrarse en el bosque para acampar y hacer noche.

Montamos el campamento a unos metros de la orilla del lago General Carrera el cual lleva con sus pintorescas tonalidades alegrándonos el paisaje si cabe aun más, Este lago es el más grande de Chile, que al cruzar la cordillera con Argentina cambia de nombre para llamarse Lago Argentino también de un considerable tamaño.

Tras asearme preparar el fuego y cenar un plato de pasta, me retiro a mis aposentos a descansar. El día había sido muy  largo y duro, con una carga emotiva especial.

A la mañana siguiente nos ponemos en marcha tempranito aprovechando una mañana esplendida y soleada.

 

 

Cada metro que avanzábamos el paisaje nos ofrecía su mejor versión, con cada curva, en cada cambio de rasante nos veíamos obligados a parar para contemplar el esplendor de esas aguas que cambiaban de tonalidades constantemente, esas montañas cuyos témpanos de hielo penetran profundamente la montaña. Nos encontrábamos una vez más deslumbrados de tanta belleza, nuestras cámaras de fotos trabajaban a pleno rendimiento, disfrutábamos al máximo de los momentos vividos.

 

Nuestro objetivo prioritario era alcanzar el paso de Los Antiguos, paso  fronterizo con Argentina, para ello debíamos bordear el extenso  Lago General Carrera, y posteriormente dirigirnos hacia dicho paso fronterizo.

Desde que abandonamos el último pueblo aquel donde hicimos noche, hasta llegar al próximo en la frontera, debíamos cubrir un total de tres días aislados completamente de la civilización. Nuestra única fuente de alimentación eran las escasas provisiones  que llevábamos en nuestras alforjas.

 La primera noche pasamos sin problemas, nuestro cocinero, de la alta cocina francesa se improvisa un sofrito para preparar una salsa. Para ello utiliza el aceite de una lata de atún para saltear un pimiento verde, luego agrega el atún a dicho sofrito y posteriormente el tomate triturado, pasado unos minutos la pasta estaba lista para añadirle la salsa de tomate con atún

 

A la mañana siguiente nos toca superar las durísimas cuestas  que nos separaban de nuestro destino, bastaba tan sólo con ver el cartel de señalización del camino para darse cuenta que los próximos kilómetros serían un duro obstáculo a superar. Era realmente imposible subir aquellas cuestas montados en la bicicleta con el peso que llevábamos a cuestas.

Pero todo esfuerzo tiene que tener su recompensa… superado este durísimo obstáculo,  las vistas panorámicas del lago nos reconfortan y dan ánimo para seguir adelante, nuevamente nuestros objetivos a pleno rendimiento.

Al atardecer arribamos a la frontera con Argentina “Paso De Los Antiguos”, dejamos atrás Chile.

Una vez instalados en el camping del pueblo, luego de ducharnos nos acercamos hasta una tienda para cumplir una promesa que había hecho a mis compañeros. Esta consistía en que si lográbamos llegar a Argentina lo primero que haría sería preparar un Asado, y valla que si lo preparé, después de una infinidad de días volvía a comer carne.

 

Recorrido Por argentina Desde Los Antiguas hasta final del viaje en Rió gallegos

 

Nuestro próximo objetivo era llegar hasta la localidad de El Chanten.

 

El Chalten: En esta casi deshabitada latitud del planeta la vida silvestre encuentra en sus valles y montañas un paraíso que en su gran mayoría continua siendo virgen, muy ajeno a la presencia y contaminación humana. De hecho, muchos seres vivos sólo pueden existir en estas condiciones.

Si algún día tienes la oportunidad de visitarlo, cuando camines por los silenciosos bosques  de El Chanten, presta mucha atención a los diferentes sonidos de las aves, casi siempre más ocultas que visibles. En general,  te sorprenderá la calma que reinará a tu alrededor… y es probable que inmerso en tanta vida, contemplando la belleza e inmensidad de las montañas y glaciares, sin buscarlo, te encuentres con el “silencio”, una “especie” extinta hace mucho tiempo en las grandes ciudades, que incluso es posible que nunca hayan conocido.

Tres días de camino fue la distancia a recorrer para alcanzar El Chanten.

En la región de El Chanten se ubican los cerros Fitz Roy (de 3.405 msnm y el Torre de 3.128 msnm, dos de las montañas más difíciles de escalar en el mundo. Dichas montañas congregan a visitantes de todas las latitudes del planeta para intentar ascenderlas a sus caprichosas cumbres.

Una vez allí nos instalamos en el campamento base, desde donde partirán nuestras expediciones a pie a los lagos y glaciares colgantes del Fitz Roy.

 

1º Día  Cerro Fitz Roy ( duracion 6 horas)

A la mañana siguiente, bien temprano para aprovechar la luz del día partimos: (Duración 8 horas)

Primero se encuentra con el Campamento base Río Blanco y la hermosa laguna Capri. Luego hay que ascender 450 metros empinados hasta la Laguna de los Tres, desde donde se disfruta una de las mejores vistas del Fitz Roy. Luego, ascendimos una hora más hasta el Glaciar Piedras Blancas.

 

2º Día Laguna Torre (duración 4 horas)

 Caminata de poca dificultad hasta la Laguna Torre, desde donde podrá observar la imponente vista a los cerros Torre, Standhart, Adelas, Grande y Solo. Se recorre el valle del río Fitz Roy hasta la laguna Torre, donde nace. La senda tiene varios puntos panorámicos desde los que se observan varios cerros, entre ellos el imponente Torre. Antes de llegar a la Laguna, en el bosque, se pasa por el campamento agreste Padre de Agostini, base para expediciones más largas y para los ascensos a los cerros y agujas de los alrededores. Hay que continuar 500 m. más bordeando el río para llegar hasta la laguna. Esta caminata se puede combinar, al regreso con la de Lagunas Madre e Hija.

 

3º Día: Lago Eléctrico  duración 9 horas.

De dificultad media por su duración, esta caminata bordea el Río Eléctrico hasta el lago del mismo nombre, donde nace.

 Me llamó la atención al transitar por los diferentes senderos de treking, la cantidad de extranjeros de los confines más remotos del mundo, aportando a su entorno un encanto inigualable. Los días en el Chanten fueron los más bonitos del viaje, “un lugar con un encanto especial”

 Gran parte de los visitantes que nos encontrábamos en el campamento base, al atardecer cuando el sol se escondía y la noche se nos echaba encima, aprovechábamos para reunirnos en un refugio ubicado a escasos 200 metros de nuestra localización.  En este lugar se congregaba gente de todas las nacionalidades, era el lugar elegido para compartir nuestras experiencias vividas, las alegrías, los fracasos, hacer amigos, planificar un viaje, leer un libro, jugar a un juego, tomar una taza de café caliente, o simplemente permanecer en silencio y escuchar… 

 

 

Nuestra estancia en el Chanten había llegado a su fin, era hora de seguir adelante en nuestro viaje,  220 kilómetros nos separaban de nuestro próximo destino. Para ello debíamos bordear el Lago Viedma, y enlazar  la legendaria ruta 40. Esta carretera cuenta con más de 5000 kilómetros de distancia y atraviesa la republica Argentina de norte a sur.

Casi sin darme cuenta, fui dejando atrás a mis compañeros, cuando me percate de lo sucedido ya era demasiado tarde, había perdido toda señal de los rezagados.

 Este día fue uno de los más difíciles de toda la travesía, los vientos huracanados que soplan a diario eran realmente insoportables, por momentos hacían imposible mantener la estabilidad de la bicicleta. El aire soplaba de lado y recuerdo perfectamente el silbido que generaba al pasar por las ruedas, los radios eran los responsables de este silbido.

Unos kilómetros más adelante las condiciones empeoraron aún más, se levantó una tormenta de arena. Las rachas de aire alcanzaban los 100 kilómetros por hora, la arena se tornaba incontrolable, la sensación era como si te clavaran agujas por todo el cuerpo, no veía  nada, respirar era prácticamente imposible. Opto por bajarme de la bicicleta y seguir la marcha a pie, por momentos debía detenerme, dejar la bicicleta en el suelo, ponerme de cuclillas porque el aire arrasaba con todo lo que se cruzase en su camino. En estos momentos es cuando te planteas si realmente vale la pena el sacrificio y dices “que ago yo aquí, con lo bien que estaría en mi casa”

El temporal de arena fue remitiendo, al cabo de una hora  me encontraba extenuado, sin fuerzas para continuar y decido buscar un sitio para acampar.

Antes de alejarme del camino por donde transitaba, el cual era paso obligado hacia El Calafate localidad donde me dirigía, decido esperar a mis compañeros, al pasar una hora y sin la certeza de que estos aun se encontraran de camino, abandono el camino en busca de un lugar donde pasar la noche.  

La noche no fue de las más confortables, recuerdo que unos ruidos me despertaron de madrugada, la oscuridad  me imposibilitaba ver de qué se trataba, con una linterna consigo ver que el ruido que perturbaba mi sueño provenía de una vaca que se encontraba a escasos metros de mi tienda. El resto de la noche no pude dormir a gusto.

Ya por la mañana me incorporo nuevamente a la carretera al punto donde lo había dejado, sin saber que los contratiempos del día anterior aun no habían acabado…. Unos kilómetros más adelante un pinchazo me obliga a detenerme, pero un simple pinchazo en este caso seria un gran contratiempo. Mi inflador  lo tenia Edgard  con lo cual podía reparar el pinchazo pero no inflar la rueda.

Una vez más me veo obligado a proseguir la marcha a pie. Las fuertes ráfagas de aire y la incomodidad de tener que acarrear con una bicicleta cargada hacía que la velocidad de desplazamiento tan sólo fuese de 7 km/h, la única esperanza que me quedaba era que mis compañeros me alcanzaran o algún vehículo me llevara hasta El Calafate, pero ninguna de las opciones se dieron y tuve que cargar con mi bicicleta durante 6 horas hasta llegar al Calafate.

Lo primero al llegar al pueblo fue buscar donde inflar mi rueda y encontrar un camping.

 

El Calafate se encuentra en el Parque Nacional Los Glaciares cuyo principal atractivos turísticos es el Glaciar Perito Moreno.

Este glaciar muestra un sorprendente y curioso fenómeno, en el que su gran maza de hielo avanza continuamente, provocando la acumulación de gigantescos bloques de hielo en su frente de 5 KM. Situados sobre el canal de Los Témpanos; allí es donde navegan los numerosos fragmentos de hielo del glaciar.

El frente del glaciar sobrepasa los 60 metros sobre el agua en su altura máxima, de donde caen continuamente trozos de diversos tamaños produciendo una estridencia comparable al sonido del trueno.

Su colosal avance logro cruzar el canal de Los Témpanos  en el año 1947, cuando se apoyo en tierra firme en la punta de la península de Magallanes, arrasando con el bosque de Lengas. Convirtiéndose en un gigantesco dique, que cortó el drenaje natural de toda la parte sur del lago, el Brazo Rico.

Este extraordinario fenómeno da lugar al crecimiento del nivel de las aguas provenientes del Lago Argentino, provocando un desnivel de casi 20 metros. La tremenda filtración sobre el glaciar produce filtraciones y termina fracturándolo, socavándolo y finalmente rompiéndolo.

El gradual rompimiento y posterior nivelación de las aguas, es un espectáculo conmovedor, único en el mundo, que se repite cada cuatro años, al cual asisten miles de visitantes provenientes del mundo entero.

Para acceder al glaciar, que se encuentra a 78 kilómetros de El Calafate, contraté una excursión, un paquete que incluía traslado ida y vuelta hasta el glaciar y navegación por la pared frontal de dicho glaciar.

Que os puedo contar al respecto, es de lo más bonito que jamás he visto en toda  mi vida, pero aquí sobran las palabras...

 

Una imagen vale más que mil palabras...                                           Glaciar Perito Moreno Republica Argentina

 

 

Al atardecer volví al camping, pase la noche allí y a la mañana siguiente party rumbo a la ciudad de Rió Gallegos provincia de  Santa cruz Argentina donde culminé mi travesía

 

 

 

 

                                                                                                                                                                                        Fede

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6 Comentarios

  • #1

    Greg (martes, 15 diciembre 2009 00:18)

    Una exquisites de viaje, excelente relato te doy mis felicitaciones

  • #2

    LUCIANO (martes, 15 diciembre 2009 15:14)

    Que bueno darse esos gustos así. Estaría bueno que pusieran cuanto es el gasto monetario aproximado con el que uno debe contar, si hablamos de cientos o miles de pesos. Me refiero el efectivo con el que hay que andar encima.

  • JimdoPro
    #3

    xc-trail (martes, 15 diciembre 2009 16:56)

    Buenas Luciano
    La verdad es que no recuerdo cuanto me gaste en el viaje, fue ya hace mucho tiempo.
    Pero si he de decirte que seguramente sea mucho menos de lo que crees.
    En el momento que realice esta travesía el cambio de pesos argentinos a chilenos me favorecía notablemente.

  • #4

    pablo (martes, 15 diciembre 2009 20:22)

    me a encantado las fotos y el texto a mi me encantaria ir alli a ver fede si me yevas algun dia cuando sea mayor porfa da recuerdos a vero
    pablo barrios gil

  • JimdoPro
    #5

    xc-trail (martes, 15 diciembre 2009 21:32)

    Hasta el fin del mundo, peroooooo con una condición....
    Te tienes que hacer del FC Barcelona

  • #6

    MAC33 (domingo, 27 diciembre 2009 21:39)

    Realmente es un viaje alucinante, me encantaría algún día poder hacer algo parecido. Por ahora estoy planeando viajar con mi familia de Santiago a Cohaique pero en auto.
    Saludos.-

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